En los años 1900, Santiago fue centro de muchos conventillos. Estos eran casas donde la vida era bastante hacinada: una pieza para una familia de por lo menos 4 ó 5 integrantes. Las acequias con excrementos corrían por los patios donde los niños jugaban e innumerables incendios afectaban a los conventillos regularmente.
Todo esto se produjo en Santiago por la explosión demográfica que hubo. Miles de personas migraron del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades, sin embargo Santiago no dio abasto y de manera espontánea surgieron este tipo de viviendas populares.
Las antiguas casas en la esquina de Fray Camilo Henríquez con Marín, fueron uno de ellos. Estas casas ya fueron desalojadas y actualmente están siendo demolidas para construir un edificio de altura. La actual situación de demolición de estas casas contrasta con la situación de otros países como Argentina o Uruguay, donde los conventillos han sido restaurados y son gran foco de atención turística y sobre todo un recuerdo de la historia reciente de estos países.
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Más de cien años de antigüedad tienen las casas de Fray Camilo con Marín. El principal material con el que están construidas es adobe y madera.
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Este conjunto de más de diez casas, albergó durante años a familias, también se arrendaban piezas mensualmente y algunas de sus habitaciones eran usadas como bodegas.
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Esta es la única pared de las casas que está pintada. Todo el resto conservó el color de los ladrillos de adobe desde que fueron construidas.
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En el interior de las casas se pueden encontrar diferentes utensilios de un hogar, como en la foto: una puerta, una silla y un planchador.
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Las casas ya se encuentran desalojadas, pero algunos vecinos se demoraron hasta cinco meses en dejar sus hogares.
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El trabajo es bastante precario y sin instrumentos de seguridad. Parra,
el jefe de los obreros que actualmente trabajan en las casas, asegura que
“los cascos más nos molestan que nos ayudan”.
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Las casas de al frente tienen la misma antigüedad y están hechas de los mismos materiales, pero sus fachadas han sido restauradas por sus dueños.
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Incluso una de ellas se transformó en el Centro Cultural Estación Entretecho, donde se ofrecen diferentes talleres, demostrando que sí es posible la reutilización de estos espacios.
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La primera parte del trabajo es
demoler todo lo que puedan con sus propias manos. Luego de esto, llegará la
maquinaria que los ayudará a despejar el terreno para construir el edificio.
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