jueves, 19 de junio de 2014

En los años 1900, Santiago fue centro de muchos conventillos. Estos eran casas donde la vida era bastante hacinada: una pieza para una familia de por lo menos 4 ó 5 integrantes. Las acequias con excrementos corrían por los patios donde los niños jugaban e innumerables incendios afectaban a los conventillos regularmente.  

Todo esto se produjo en Santiago por la explosión demográfica que hubo. Miles de personas migraron del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades, sin embargo Santiago no dio abasto y de manera espontánea surgieron este tipo de viviendas populares. 

Las antiguas casas en la esquina de Fray Camilo Henríquez con Marín, fueron uno de ellos. Estas casas ya fueron desalojadas y actualmente están siendo demolidas para construir un edificio de altura. La actual situación de demolición de estas casas contrasta con la situación de otros países como Argentina o Uruguay, donde los conventillos han sido restaurados y son gran foco de atención turística y sobre todo un recuerdo de la historia reciente de estos países. 



Más de cien años de antigüedad tienen las casas de Fray Camilo con Marín. El principal material con el que están construidas es adobe y madera. 


Este conjunto de más de diez casas, albergó durante años a familias, también se arrendaban piezas mensualmente y algunas de sus habitaciones eran usadas como bodegas. 



Esta es la única pared de las casas que está pintada. Todo el resto conservó el color de los ladrillos de adobe desde que fueron construidas. 



En el interior de las casas se pueden encontrar diferentes utensilios de un hogar, como en la foto: una puerta, una silla y un planchador.


Las casas ya se encuentran desalojadas, pero algunos vecinos se demoraron hasta cinco meses en dejar sus hogares.


El trabajo es bastante precario y sin instrumentos de seguridad. Parra, el jefe de los obreros que actualmente trabajan en las casas, asegura que “los cascos más nos molestan que nos ayudan”. 








Al lado de las casas está la "Estación Vecinal de Seguridad". Don Jorge González, guardia de seguridad del barrio, comenta que los vecinos no querían dejar sus casas y que todos se fueron a vivir dentro del sector. 


Las casas de al frente tienen la misma antigüedad y están hechas de los mismos materiales, pero sus fachadas han sido restauradas por sus dueños. 



Incluso una de ellas se transformó en el Centro Cultural Estación Entretecho, donde se ofrecen diferentes talleres, demostrando que sí es posible la reutilización de estos espacios.  





Los habitantes de estas casas no se llevaron todas sus pertenencias. No todo lo que dejaron estaba en buenas condiciones y lo que se podía rescatar terminó de arruinarse con la primera lluvia del año. 


Todos los días a las ocho de la mañana, llegan doce trabajadores para demoler y sacar escombros. Con una radio a pilas pasan las horas mientras trabajan. Ellos estiman que en medio año tendrán listo el terreno para recién empezar a construir. 









La primera parte del trabajo es demoler todo lo que puedan con sus propias manos. Luego de esto, llegará la maquinaria que los ayudará a despejar el terreno para construir el edificio.